A día de hoy ir al cine y comer palomitas es algo que tenemos muy interiorizado, pero, sin embargo, ¿de dónde viene esta costumbre de unir las palomitas y el cine como si fuesen en el mismo pack? ¿por qué no fueron las pipas u otros frutos secos los elegidos para ser los coprotagonistas en nuestras sesiones de cine?

La costumbre de comer palomitas en el cine nos hace echar la vista atrás hasta la época de la Gran Depresión, porque para entretenerse y además tener entretenido el estómago se decidió que a una buena película le podrían acompañar unas buenas palomitas. En esta época, el maíz era realmente abundante en EEUU porque, aunque había escasez de muchos otros alimentos, el maíz se encontraba por doquier.

Las palomitas aventajadas en las salas de cine

De esta manera, en aquella época las palomitas tenían una serie de ventajas que otros snacks no lo tenían en ese momento, porque las palomitas por ejemplo eran un aperitivo que no manchaba las butacas y que si se caían al suelo eran fáciles de barrer y recoger. Así, en aquella época, la producción de maíz obtenía hasta un 80% de su beneficio por parte de la comercialización de este en forma de palomitas en el cine.

De esta manera, las palomitas comenzaron cada vez más a popularizarse en las salas de cine de la época y como pasa en casi todas las cosas, la influencia estadounidense llegó hasta nosotros. Ir al cine y comer palomitas es algo que a día de hoy no se puede discutir, parece que una buena película tiene más sentido y nos “sienta” mejor si la acompañamos de un bol o cartucho de palomitas ya sean de tipo salado o de tipo dulce, porque para gustos, los colores.