Cuando Ingvar Kamprad abrió el primer IKEA del mundo en el año 1958 en Suecia, causó una verdadera revolución no solo en el mercado de los muebles sino también gracias a su apuesta gastronómica que llegó apenas un año después.

La combinación de decoración y comida bajo el sello nórdico ha sido un verdadero éxito y es que, al cliente se le conquista por el estómago. Al menos así lo cree la compañía sueca.

“Cuando les alimentas se quedan más tiempo, pueden hablar de sus potenciales compras y tomar decisiones sin dejar la tienda. Ese era el pensamiento inicial”, explica Gerd Diewald, encargado de la división de comida de IKEA.

Sin embargo, parece que ahora hay nuevos planes para este espacio de degustación de delicias escandinavas y es que, el enorme crecimiento tanto del restaurante como de la tienda ha llevado a la compañía a explorar la posibilidad de crear restaurantes independientes de sus tiendas de muebles.

Pero tampoco su negocio de comida es habitual pues no solo ofrece sus famosas albóndigas sino que ha apostado por productos orgánicos y por integrar la sostenibilidad en su modelo de negocio.

“Es una experiencia el simple hecho de acudir y eso es lo que la gente busca. Lo que obtienes a cambio de tu dinero es mucho más que lo que ofrecen otros restaurantes familiares”, asegura Bonnie Riggs, analista de la industria hostelera de NPD Group en Design Taxi.

Además, el diseño de sus locales se adapta a todo tipo de consumidores. “Los niños acuden al área de juego mientras los adultos que simplemente desean disfrutar de una taza de té se acomodan en nuestras sillas y sofás, todos nuestros grupos demográficos migran intuitivamente al área correcta para ellos”, comenta Diewald.

Todos estos elementos le han llevado a ser uno de los lugares preferidos por 65 millones de comensales al año en 48 países del mundo.

A juzgar por las cifras, parece que hay grandes oportunidades para el gigante sueco en el sector hostelero y teniendo en cuenta que ya ha abierto varios locales pop up en Londres, París y Oslo, la idea puede ser una realidad en menos tiempo del esperado.