Las nuevas normativas de seguridad aérea se han vuelto muy restrictivas en los últimos años. Llevar según qué objetos (como, por ejemplo, cualquier líquido de más de 100 ml, algunos aparatos tecnológicos) o utilizar según qué palabras pueden impedir tu entrada o provocar tu salida de un avión. Hace unos días, la compañía United Airlines ha batido un nuevo récord en rigidez vetando a dos adolescentes que querían volar de Denver a Minneapolis por vestir con leggings.

Las chicas volaban con un billete de empleado y su indumentaria, leggings y top, no cumplía las normas de vestuario que debe cumplir su staff, puesto que los leggings no son considerados pantalones completos como tal. Así que, se quedaron en tierra. Desde que se conociera la noticia, las reacciones mostrando su rechazo se han extendido por todo el mundo.

La compañía se ha apresurado a aclarar que las jóvenes, que iban acompañadas por un adulto, entendieron que no podrían embarcar hasta que no llevasen una indumentaria adecuada que se ciñera a sus normas. Sin embargo, el aluvión de críticas fue inevitable por lo desproporcionado de la medida porque hay un dato más: ese adulto que iba con ellas era su padre y llevaba pantalón corto, una prenda también prohibida por el código moral de United Airlines pero él pudo embarcar sin tener que cambiarse de ropa.

Muchos han tachado esta acción de sexista y una medida que no hace otra cosa que sexualizar la indumentaria de unas niñas, bajo el hashtag #LeggingsAreNotPants (los leggings no son pantalones) se han agrupado en las últimas horas cientos de opiniones a favor y en contra del veto a estas adolescentes, con una gran mayoría apoyándolas.

Todo el revuelo que se ha formado alrededor de esta prohibición ha dejado de manifiesto que hay ciertas empresas que deberían revisar sus anticuados códigos morales.