Como pasase con la llegada de la revolución industrial, las máquinas y la tecnología se percibían como enemigos, pues bien, algo parecido ocurre con la llegada de los robots a nuestras vidas. Hasta hace no mucho, en el imaginario colectivo, todos teníamos la imagen de un robot como si se tratase de una persona mecanizada. Pero, la realidad es otra, porque los robots son más bien herramientas que puedan automatizar muchos procesos y ahí es donde entran en conflicto con el entorno laboral, porque se convierten en enemigos y posibles usurpadores de nuestro trabajo.

La cuarta revolución industrial se prevé cerca, tanto que algunos opinan que ya estamos inmersos en ella. Para que se dé del todo, previamente, se necesita un período de transición y en este período muchos pueden pensar que los robots son enemigos de nuestra generación, que conquistarán nuestro mundo y que nada positivo se sacará de ellos, más allá del lucro de quienes los produzcan.

Ahora bien, los robots tienen una cara amable y es que como pasase en otras revoluciones han llegado para hacernos la vida más fácil, para agilizar y simplificar procesos y para conseguir que nosotros podamos dedicarnos a esas cosas para las que no tenemos tiempo, por ejemplo, vivir. Tanto es así que hace unas semanas saltó a la prensa una noticia que indicaba que los robots nos pueden permitir jubilarnos antes.

La robotización tiene muchas ventajas, pero no dejemos que quienes simplemente son pesimistas nos dejen llevar por esos derroteros. Deberíamos más bien dejarnos llevar por el sentido común y confiar en que las instituciones y los gobiernos hagan del proceso de transición, un proceso sencillo y justo. Justo principalmente porque no se puede pretender que no todos salgamos beneficiados de esta robotización que a día de hoy nos alcanza.